MÁS QUE UNA ENFERMEDAD

A primera vista no me ocurre nada. No tengo dolores, ni fiebre. Sólo me sucede que vivo minutos eternos de lamento, segundos imborrables de lágrimas, horas llenas de rabia. Preguntas sin respuesta. Deseos de huir, noches sin dormir, ganas de rendirme, sensación de suciedad, desesperación, esclavitudes mentales.

Es duro aceptar la realidad, ver que las cosas no son como espero, que todo mi mundo se derrumba en un instante y, en ese instante, me siento tan frío como una piedra. No es sencillo vivir así, vivir con lágrimas en los ojos, con miedos constantes, con gritos ahogados, con angustia. Eso no es vivir, pero siempre hallo consuelo pensando que la vida continúa, que puedo tener fe en mí y ser capaz de derretir ese bloque de hielo, aunque luego ni me queden fuerzas para intentarlo.

Todos hemos llorado, todos hemos sentido miedo, hemos reído de felicidad, nos hemos enamorado, hemos perdido ilusiones y hemos ganado batallas. También hemos experimentado el dolor por estar solo.

Supongo que estas primeras palabras lo resumen todo. ¿Quién no se ha sentido alguna vez así?, ¿quién no ha pasado por ello? Yo he atravesado por todas esas sensaciones en demasiada profundidad y creo que aún sigo atravesando.

Más allá de estas tristezas y penas, hay estados de ánimo que se prolongan y profundizan el descenso del tono del humor, ponen en riesgo la salud y hasta la vida de quien los padece.

Son miles los detalles que me han conducido a esta situación. Granito a granito se fue construyendo una montaña que, al final, pudo conmigo. A esa montaña le puso nombre y apellidos un especialista médico: depresión.

Incontables han sido las veces que he dicho: “Prefería cualquier otra enfermedad antes que ésta”.

Muchos son los especialistas médicos que señalan que esa frase permite valorar la magnitud del tormento de la persona deprimida.

La depresión afecta a personas de todos los colores, razas, posición económica y edad. No hay duda alguna, soy parte de esas personas, aunque parezca vivir en circunstancias relativamente ideales.

Esta es mi historia y quizás existan muchas iguales, pero sólo los que la vivimos, sabemos cómo se escribe, por mucho que consultes libros o páginas web.

La mía aquí te la escribiré.


domingo, 24 de febrero de 2008

Capítulo XXI de mi internamiento: RELACIONES CON OTRAS PERSONAS

"... Para una persona parapetada en su silencio y curiosa mirada, entablar contacto con el resto de pacientes suponía una grata sorpresa, en especial, por esa extraña facilidad motivada por cuanto compartíamos algo más que estar tras “aquellas horribles puertas”...

... A menudo, cigarrillo en mano y al sol de la tarde, evocaba el abismo existente entre mi yo sano y mi yo enfermo...

... En la cripta de mi yo sano, habitaba un ser gris, inerte, huidizo, con cierta discapacidad para relacionarse socialmente, obstáculo que, en el interior de la clínica psiquiátrica, se disipaba por completo...

... Quizás padecer enfermedades similares actuaba como una especie de imán para todos nosotros, pues, al fin y al cabo, nuestras “propias jaulas” transformaban aquel lugar en un zoológico multicultural, donde cada uno era un “rara avis” en peligrosa vía de extinción...

... No poder sentirse libre para desplegar las alas y volar, hacía que anidásemos por enfermedades afines, con independencia de edad, género o razón social. De tal forma que, al iniciarse el día, compartía los primeros humos con los más jóvenes del lugar, mientras la hora del café se dejaba caer entre historias y anécdotas de los más longevos, aunque la propia confusión de la noche nos entremezclaba al amparo del “fumadero”...

... “Crónicas M….” se erigía en una magnífica herramienta de interacción social, permitiéndome desarrollar un potencial comunicativo, hasta entonces, totalmente secreto para mí...

... Sin embargo, comprendí que tal habilidad se comportaba más como una necesidad de doblegar mis sufrimientos internos que como una auténtica destreza social, pues, por encima de todas las circunstancias, nunca había sido un animal social, sino un mero espectador de la realidad. ¿Cuánto me quedaba por aprender de la vida?...

... A pesar de todo ello, establecía raras conexiones con mis “compañeros de fatigas”, de los cuales me acordaba en mis permisos de fin de semana, lo que me llevaba a cuestionarme si sólo era capaz de codearme con seres humanos en mi mismo estado...

... Cada fase de mi depresión venía cargada de interrogantes que acrecentaban mis inseguridades. Nunca conté con gran número de colegas, ni tampoco destaqué en popularidad, pero, por el contrario, disfrutaba de una mano perenne de amistades...

... ¿Residía en esa cierta discapacidad parte del origen de mi dolencia mental?...

... La crispación me invadía ante cada actividad relacionada con las habilidades sociales. ¿Tan inútil ante los demás me presentó? Se me caía la baba ante la talentosa validez que demostraban algunos pacientes en este campo y, cuanto más quería absorber sus experiencias, más torpe, más obtuso me volvía...

... Ese halo envolvía con descarada frialdad el lado oscuro de mi alma y me hacía claudicar ante cualquier posible mejoría en el ánimo. Seguía sintiendo como el peso de mi propia “mierda” me revolvía con tremendo dolor, acurrucándome en el suelo y golpeando fieramente la pared con mis nudillos...

... Necesitaba “emborrachar” mis pensamientos, necesitaba “freír” mis sentimientos, necesitaba “aturdir” mis lágrimas...

... ¡¡¡Qué crueldad vivir entre columnas derruidas de mi existencia!!!...



"... I can only imagine what I will be like... when I walk by your side... I can only imagine what my eyes see... when your face is before me... I can only imagine... surrounded by your glory... what will my heart feel?... Will I dance for you, Jesus?... Or in awe of You be still?... Will I stand in your presence?... Or to my knees will I fall?... Will I sing hallelujah?... Will I be able to speak at all?... I can only imagine when that day comes... and I find myself standing in the sun... I can only imagine when all I will do... is forever, forever worship You... " ("I can only imagine" de Mercy Me)

2 comentarios:

Pucca dijo...

Alex tienes razón, los que pasamos por esto sabemos qué letras y acentos tiene la palabra depresión. He vivido muchos momentos de desesperanza como tu, sin embargo, aquí seguimos, tu y yo, y muchos más, dejando huella. Saludo.

T S dijo...

Hola como estas?
hace rato que no se de ti...
un beso lleno de cariños!!
ts